Lunes 13:40pm estamos en Junio y hace un frio de cagarse.
Dormí 9 horas.
Necesarias y profundas. Agradecida por eso. Soñé con mis abuelas. Y mis tíos y
tías. Soñé con tortas. Con camas y colchones y sillones robados. Soñé con el
enojo que eso me provocó. Pero fue solo eso: un sueño largo. O así se sintió.
Nadie puede hacerme sentir así ahora, a menos que yo lo permita. Nadie puede
invadirme, nadie puede herirme, nadie es mi dueño y a nadie le pertenecen mis
emociones.
Me levanté, tomé agua.
Antes, miré el celular, como debe hacer la gran mayoría de la masa de hombres y
mujeres que habitan la tierra. Después de mirar unos minutos el estúpido y
amado celular, puse música, hice yoga. Medite sobre el circulo verde con fondo
dorado, después el circulo dorado con fondo verde ¿o fue al revés? Y después
simplemente el círculo dorado. En la relajación previa a la meditación me sentí
satisfecha con la práctica que había realizado: un par de nauli kriyá, un par
de súrya namaskára, algunos ásanas de pie de equilibrio y flexibilidad y una
invertida sobre hombros breve y amable. Me relajo sobre el mat violeta que
conserva arañazos de Lara. Lara fue mi gatita especial. Ahora está en el cielo.
Y sobre todo y por sobre todo está en mi corazón y creo que se mezclo su alma
con la mía para siempre. Mi gatita negra y peludita de ojos verdes profundos y
misteriosos. Como te extraño…
Durante la relajación
me deje caer, me abandoné unos instantes, imaginé esa esfera de luz celeste
color cielo envolviéndome entera. Llevándose pensamientos y emociones a
descansar. Llevándose el cuerpo a un lugar de descanso también. Y pensé, en
aquella característica que vengo visualizando y mentalizando con amor.
Reemplazando entonces el miedo, literalmente sostengo un cartel que dice miedo,
me lo saco yo a mi misma, y le doy el cartel de la confianza, letras grandes y
negras sobre un fondo blanco. Un cartel básico y efectivo. Y pensé, o más bien
fue una sensación, una bajada de información intuitiva: …”que la tristeza que
habita en mi también se diluya, que se descontraiga, que descanse, que se diluya y se vaya para dar lugar a la
alegría”… Y sentí realmente como se daba ese espacio. Y mientras iba a hacer
compras recién, frene en la esquina a comer una banana al sol y me dije: quiero
tener esta sensación el resto del día.
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