jueves, 5 de febrero de 2026

Alma

Lunes 13:40pm estamos en Junio y hace un frio de cagarse.

Dormí 9 horas. Necesarias y profundas. Agradecida por eso. Soñé con mis abuelas. Y mis tíos y tías. Soñé con tortas. Con camas y colchones y sillones robados. Soñé con el enojo que eso me provocó. Pero fue solo eso: un sueño largo. O así se sintió. Nadie puede hacerme sentir así ahora, a menos que yo lo permita. Nadie puede invadirme, nadie puede herirme, nadie es mi dueño y a nadie le pertenecen mis emociones.

Me levanté, tomé agua. Antes, miré el celular, como debe hacer la gran mayoría de la masa de hombres y mujeres que habitan la tierra. Después de mirar unos minutos el estúpido y amado celular, puse música, hice yoga. Medite sobre el circulo verde con fondo dorado, después el circulo dorado con fondo verde ¿o fue al revés? Y después simplemente el círculo dorado. En la relajación previa a la meditación me sentí satisfecha con la práctica que había realizado: un par de nauli kriyá, un par de súrya namaskára, algunos ásanas de pie de equilibrio y flexibilidad y una invertida sobre hombros breve y amable. Me relajo sobre el mat violeta que conserva arañazos de Lara. Lara fue mi gatita especial. Ahora está en el cielo. Y sobre todo y por sobre todo está en mi corazón y creo que se mezclo su alma con la mía para siempre. Mi gatita negra y peludita de ojos verdes profundos y misteriosos. Como te extraño…

Durante la relajación me deje caer, me abandoné unos instantes, imaginé esa esfera de luz celeste color cielo envolviéndome entera. Llevándose pensamientos y emociones a descansar. Llevándose el cuerpo a un lugar de descanso también. Y pensé, en aquella característica que vengo visualizando y mentalizando con amor. Reemplazando entonces el miedo, literalmente sostengo un cartel que dice miedo, me lo saco yo a mi misma, y le doy el cartel de la confianza, letras grandes y negras sobre un fondo blanco. Un cartel básico y efectivo. Y pensé, o más bien fue una sensación, una bajada de información intuitiva: …”que la tristeza que habita en mi también se diluya, que se descontraiga, que descanse,  que se diluya y se vaya para dar lugar a la alegría”… Y sentí realmente como se daba ese espacio. Y mientras iba a hacer compras recién, frene en la esquina a comer una banana al sol y me dije: quiero tener esta sensación el resto del día.

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