¿Querés que te acaricie?
es un suspiro la vida…
Si lo veo, que es muy, muy pero muy probable. Si lo veo, bueno, lo voy a besar un poco. Como si fuera un momento que quiero sentir. Pero que él se acerque. Que sea especial. Y la verdad es que no sé. Pensé en mostrarles mis canciones, después dije mejor no. Ahora creo que quizás lo haga. No lo sé.
De lo poco que puedo expresar acerca de todo lo que pasó es: me bloqueé, escuché solo lo que quería escuchar, lo demás lo rechacé. Y eso fue alimentando en mí una fantasía cruel. Ya que los eventos no condecían. Nada de lo que había escuchado coincidía con la realidad.
Empecé a frustrarme y a pasarla cada vez peor, caí al fondo del pozo, me quité la venda; y retomé mi vida.
Esa es la verdad de lo que pasó.
Cuando pienso en él se me aprietan los órganos internos y emanan un calor hacia la boca del estómago que me hace estremecer de miedo.
¿Cómo no ceder ante los nervios y el miedo?
Supongo que la respuesta es: estar presente en el momento presente.
No regalándome. No entregándome como si fuera una oferta.
No. Eso no más. Basta.
Intimar. Eso me gustaría. Pero de verdad.
Quiero algo real, entre tanta ilusión, quiero algo real.
Me aferro,
escuché durante el fin de semana:
…”no dejo entrar al viejo”…
Lejos de estarlo,
me aferro,
me aferro a mi corazón
me aferro a mi consciencia
me aferro a mi dolor
y luego
suelto todo
y vuelvo a buscar a que aferrarme.
A una idea
a un presentimiento
a una convicción.
Suelto todo otra vez.
Me aferro entonces al miedo
de no saber a que aferrarme
me aferro a esa idea de quedarme en el útero de mamá para siempre
me aferro a la idea de quedarme a vivir ahí una eternidad
pero esta idea me da tristeza
la suelto.
Con amor.
Suelto.
También suelto con enojo, y en silencio.
Si, un silencio que me protege y me ayuda a soltar lo que ya me soltó a mi.
Una tenue luz se hizo brillante
¡maravilloso
fulgor!
extenuante
frenesí.
Una rama de
un árbol cicatriz
las líneas
que surcan el rostro
y el espejo
devuelve justicia e injusticia.
¿Quién más
vendrá?
el carro
parece marchar solo
¿Quién más
lo verá?
Preside la
noche
un cuadro
en la retina
imágenes eternas.
La dulzura
predomina
como la
vitamina en la cáscara
no quieras
pelarla tan deprisa.
Si somos
dos
¿Qué más
da?
solo si
somos dos.
Y aullar se
vuelve rutina
un hábito
subrayado a color
el alma
como inferencia.
Inspiración
¿Dónde estás?
ebria, camina en zigzag
derramando
la tinta en el papel.
Cuento los
días
sin querer
acomodando
momentos en estantes.
¿y si la
luz se apaga?
solo somos
dos
seguimos
siendo dos.
Es
repentino
¡sucede
nomás!
existir.
Persigo un sueño, el
de ser feliz. Anhelo poder realizarme como artista y que mis canciones suenen tal
y como las siento al componerlas.
Que el tic tac no me
agobie, que no se alimente de mis miedos. Que el reloj se detenga, y que huya de
mi creatividad como si un toro quisiera levantarlo por el muslo. Si el reloj
fuese una persona y suponiendo que el tiempo tuviese un rostro, que al verme
cierre los ojos y haga de cuenta que no existo. Y me de todo ese recreo
para entenderme. Podríamos hacer trampa. Y que las horas se derritan en un
día eterno en el cual comprendo la simpleza de la existencia.
Y durase un segundo de mí semana: una semana en mi segundo.
Acariciando a mí mejor amigo “Quien”, un
perro negro como un cielo sin luna, y brillante como el reflejo de esa luna
inexistente, ahora viva sobre un lago dormido. Ojos café y avellana. Ver en sus
ojos y que mis horas sean meses. Y fundirnos en una charla silenciosa, hablando
entre corazones enamorados. Hablando solo con la mirada, solo con el tacto de
un abrazo. Y así que mis años sean siglos, y que pueda vislumbrar el futuro
donde miro hacia atrás y sonrío al estar plenamente satisfecha con el camino
recorrido.
Ir despacito en este
recreo que el tiempo y yo pícaramente pactamos darnos. Una trampa, de la que
nadie sabe. Y la tristeza se descomprime… el presente es inmenso.
Yo soy normal.
Me gusta mirar el cielo.
Disfruto de las nubes y del sol.
Disfruto del planeta. Y sus seres.
Me gustan las personas y las odio tantas veces.
Pero más son las veces que las amo.
¿Es eso normal?
¿Qué me hace normal?
¿Mi físico?
¿Mi interior?
¿Mis pensamientos?
¿Mis sentimientos?
Yo no soy normal.Lunes 13:40pm estamos en Junio y hace un frio de cagarse.
Dormí 9 horas.
Necesarias y profundas. Agradecida por eso. Soñé con mis abuelas. Y mis tíos y
tías. Soñé con tortas. Con camas y colchones y sillones robados. Soñé con el
enojo que eso me provocó. Pero fue solo eso: un sueño largo. O así se sintió.
Nadie puede hacerme sentir así ahora, a menos que yo lo permita. Nadie puede
invadirme, nadie puede herirme, nadie es mi dueño y a nadie le pertenecen mis
emociones.
Me levanté, tomé agua.
Antes, miré el celular, como debe hacer la gran mayoría de la masa de hombres y
mujeres que habitan la tierra. Después de mirar unos minutos el estúpido y
amado celular, puse música, hice yoga. Medite sobre el circulo verde con fondo
dorado, después el circulo dorado con fondo verde ¿o fue al revés? Y después
simplemente el círculo dorado. En la relajación previa a la meditación me sentí
satisfecha con la práctica que había realizado: un par de nauli kriyá, un par
de súrya namaskára, algunos ásanas de pie de equilibrio y flexibilidad y una
invertida sobre hombros breve y amable. Me relajo sobre el mat violeta que
conserva arañazos de Lara. Lara fue mi gatita especial. Ahora está en el cielo.
Y sobre todo y por sobre todo está en mi corazón y creo que se mezclo su alma
con la mía para siempre. Mi gatita negra y peludita de ojos verdes profundos y
misteriosos. Como te extraño…
Durante la relajación
me deje caer, me abandoné unos instantes, imaginé esa esfera de luz celeste
color cielo envolviéndome entera. Llevándose pensamientos y emociones a
descansar. Llevándose el cuerpo a un lugar de descanso también. Y pensé, en
aquella característica que vengo visualizando y mentalizando con amor.
Reemplazando entonces el miedo, literalmente sostengo un cartel que dice miedo,
me lo saco yo a mi misma, y le doy el cartel de la confianza, letras grandes y
negras sobre un fondo blanco. Un cartel básico y efectivo. Y pensé, o más bien
fue una sensación, una bajada de información intuitiva: …”que la tristeza que
habita en mi también se diluya, que se descontraiga, que descanse, que se diluya y se vaya para dar lugar a la
alegría”… Y sentí realmente como se daba ese espacio. Y mientras iba a hacer
compras recién, frene en la esquina a comer una banana al sol y me dije: quiero
tener esta sensación el resto del día.