martes, 17 de febrero de 2026

Presente 10

Persigo un sueño, el de ser feliz. Anhelo poder realizarme como artista y que mis canciones suenen tal y como las siento al componerlas.

Que el tic tac no me agobie, que no se alimente de mis miedos. Que el reloj se detenga, y que huya de mi creatividad como si un toro quisiera levantarlo por el muslo. Si el reloj fuese una persona y suponiendo que el tiempo tuviese un rostro, que al verme cierre los ojos y haga de cuenta que no existo. Y me de todo ese recreo para entenderme. Podríamos hacer trampa. Y que las horas se derritan en un día eterno en el cual comprendo la simpleza de la existencia.

Y durase un segundo de mí semana: una semana en mi segundo. 

Acariciando a mí mejor amigo “Quien”, un perro negro como un cielo sin luna, y brillante como el reflejo de esa luna inexistente, ahora viva sobre un lago dormido. Ojos café y avellana. Ver en sus ojos y que mis horas sean meses. Y fundirnos en una charla silenciosa, hablando entre corazones enamorados. Hablando solo con la mirada, solo con el tacto de un abrazo. Y así que mis años sean siglos, y que pueda vislumbrar el futuro donde miro hacia atrás y sonrío al estar plenamente satisfecha con el camino recorrido.

Ir despacito en este recreo que el tiempo y yo pícaramente pactamos darnos. Una trampa, de la que nadie sabe. Y la tristeza se descomprime… el presente es inmenso.


sábado, 14 de febrero de 2026

¿Normal?

Yo soy normal.     

Me gusta mirar el cielo.

Disfruto de las nubes y del sol. 

Disfruto del planeta. Y sus seres.                                         

Me gustan las personas y las odio tantas veces.                        

Pero más son las veces que las amo.                                        

¿Es eso normal?                                                                          

¿Qué me hace normal?

¿Mi físico?

¿Mi interior?

¿Mis pensamientos?

¿Mis sentimientos?

Yo no soy normal.                                                                                                                                                                                     

jueves, 5 de febrero de 2026

Alma

Lunes 13:40pm estamos en Junio y hace un frio de cagarse.

Dormí 9 horas. Necesarias y profundas. Agradecida por eso. Soñé con mis abuelas. Y mis tíos y tías. Soñé con tortas. Con camas y colchones y sillones robados. Soñé con el enojo que eso me provocó. Pero fue solo eso: un sueño largo. O así se sintió. Nadie puede hacerme sentir así ahora, a menos que yo lo permita. Nadie puede invadirme, nadie puede herirme, nadie es mi dueño y a nadie le pertenecen mis emociones.

Me levanté, tomé agua. Antes, miré el celular, como debe hacer la gran mayoría de la masa de hombres y mujeres que habitan la tierra. Después de mirar unos minutos el estúpido y amado celular, puse música, hice yoga. Medite sobre el circulo verde con fondo dorado, después el circulo dorado con fondo verde ¿o fue al revés? Y después simplemente el círculo dorado. En la relajación previa a la meditación me sentí satisfecha con la práctica que había realizado: un par de nauli kriyá, un par de súrya namaskára, algunos ásanas de pie de equilibrio y flexibilidad y una invertida sobre hombros breve y amable. Me relajo sobre el mat violeta que conserva arañazos de Lara. Lara fue mi gatita especial. Ahora está en el cielo. Y sobre todo y por sobre todo está en mi corazón y creo que se mezclo su alma con la mía para siempre. Mi gatita negra y peludita de ojos verdes profundos y misteriosos. Como te extraño…

Durante la relajación me deje caer, me abandoné unos instantes, imaginé esa esfera de luz celeste color cielo envolviéndome entera. Llevándose pensamientos y emociones a descansar. Llevándose el cuerpo a un lugar de descanso también. Y pensé, en aquella característica que vengo visualizando y mentalizando con amor. Reemplazando entonces el miedo, literalmente sostengo un cartel que dice miedo, me lo saco yo a mi misma, y le doy el cartel de la confianza, letras grandes y negras sobre un fondo blanco. Un cartel básico y efectivo. Y pensé, o más bien fue una sensación, una bajada de información intuitiva: …”que la tristeza que habita en mi también se diluya, que se descontraiga, que descanse,  que se diluya y se vaya para dar lugar a la alegría”… Y sentí realmente como se daba ese espacio. Y mientras iba a hacer compras recién, frene en la esquina a comer una banana al sol y me dije: quiero tener esta sensación el resto del día.

Pensamiento reflexivo 11

Si por paralogismo me metí en embrollos y laberintos, mintiéndome a mi misma durante toda una vida, no me avergüenza. En cambio tu sofisma es absolutamente irreparable, hace daño.